Yves Bonnefoy - Ce qui fut sans lumière
Poemas selectos en traducción
(XVII)
Una piedra
Una prisa misteriosa nos llamaba.
Entramos, abrimos
Las persianas, reconocimos la mesa, el hogar,
La cama; la estrella crecía en la ventana,
Escuchábamos la voz que quiere que uno ame
En lo más alto del veranoComo juegan los delfines en su agua sin orilla.
Durmamos, sin sabernos. Seno contra seno,
Respiros mezclados, mano con mano, sin sueños.
(I)
Las lluviecitas por la noche
Raucas eran las voces
De las lluviecitas por la noche,Allí donde el agua del estanque, fluyendo sin ruido,
Brillaba en la hierba.
Y rojo era el cielo
En los vasos vacíos,
Todo un río la luna
Sobre la mesa terrestre
Tomaban o no nuestras manos,
La misma abundancia.Abiertos o cerrados nuestros ojos,
La misma luz.
(II)
Se demoraban, por la noche,
En la terrasse.De donde partían los caminos, de arena clara,
Del cielo sin número.
Y si desnuda delante de ellos
Estaba la estrella,Tan próximo estaba aquel seno
Del deseo de los labios
Que se convencían
De que morir es simple,Rama aparte el oro
Del higo maduro.
La noche de verano
Vos fuiste esculpida en una proa,
El tiempo te corroyó como lo hubo hecho la espuma,
Él cerró tus ojos una noche de tormenta
Él manchó con sal tu seno casi desnudo
Oh santa de manos quemadas que re-colorea
La adoración de algunas flores aún
Santuario de lo esparcido y lo fugitivo
Al final de los campos sembrados de roya,
Nada más que sueño en tu nuca inclinada
¡Nada más que sombra en las hojas secas sobre las lozas!Diríase nuestra habitación de otro año,
La misma cama pero las persianas cerradas.

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