jueves, 22 de junio de 2017

Francis Ponge - El lugar del camarón y La tierra



FRANCIS PONGE 

Pièces


EL LUGAR DEL CAMARÓN

[…] Pareciera evidente que el camarón percibe la confusión, las contradicciones incesantes del medio en el que vive, mientras que para los peces, sólo calma: a ellos no les molestan para nada las influencias contradictorias y es como si no tuvieran que percibirlas. Lo único que parecería molestarle es la consistencia del medio, la densidad del aire que tienen que respirar. Los vemos con la boca abierta y los ojos fuera de órbita, como si vivieran constantemente en el límite entre la asfixia y la resurrección. Esto se debe a que su respiración implica un proceso complicado. Ellos deben disociar el aire en el agua. Es probable que la mayor parte de su esfuerzo consista en esto, se emplee en esto (lo cual me hace pensar en mí, y en cómo ocupo la mayor parte de mi tiempo intentando respirar económicamente, es decir, ganar plata. Para esto hacen falta 9 horas por día…y sin embargo hay otros que respiran tan fácilmente: para hacerlo ellos tienen la plata en el bolsillo, aquel oxígeno. Pero nosotros, nosotros tenemos que sufrir extrayendo el dinero del trabajo, de las horas, del cansancio).

… Pero al camarón, eso no le sucede. No, él pareciera que si sufre, no es por respirar, sino por mantenerse en el medio de las corrientes opuestas, que lo sacuden contra las rocas […]


LA TIERRA 

                   (Recojamos simplemente un terrón de tierra)


    Esa mezcla emocionante del pasado de los tres reinos, toda atravesada, infiltrada, caminada por sus brotes y sus raíces, sus presencias vivas, es la tierra.
    Ese hachís, ese paté de la carne de los tres reinos.

    Pasado, no como recuerdo o idea, sino como materia.
    Materia al alcance de todos, del más pequeño bebé, que podemos agarrar de a puñados, paladas.

    Si hablar así de la tierra me vuelve un poeta menor, o un excavador, ¡quiero serlo!
No conozco tema más importante.

    Cuando hablábamos de la Historia, alguien agarró un puñado de tierra y dijo: “Esto es todo lo que sabemos de la Historia universal. Pero lo sabemos, lo vemos, lo conservamos, lo tenemos bien a mano.
    ¡Cuánta veneración en esas palabras!

    Es también nuestro alimento; donde se preparan nuestros alimentos. Acampamos encima de ella, como sobre los silos de la historia, cuyos terrones contienen en su germen y sus raíces el porvenir.

    Es para el presente nuestro parque y morada: la carne de nuestras casas y el suelo para nuestros pies.
    También nuestra materia para modelar, nuestro juguete.
    Siembre habrá a nuestra disposición. Sólo hay que agacharse para tomar un poco. No ensucia.

    Es en fin la imagen actual de lo que tendemos a devenir.
    Y así, el pasado y el futuro presentes.
    Todo compitió en ella: no sólo la carne de los tres reinos, sino la acción de los otros tres elementos: el aire, el agua y el fuego.
    Y el espacio, y el tiempo.

    Lo espontáneo en el hombre, en cuanto a la tierra, es un estado afectivo inmediato de familiaridad, de simpatía o de veneración casi filial.
    Porque ella es la materia por excelencia.
    Ahora bien, la veneración de la materia: ¿Hay algo más digno de nuestro pensamiento?
    Mientras que los sentidos venerando a los sentidos, ¿acaso se ve eso?
    Sólo se lo ve demasiado.

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